Londres: intervención del Vicepresidente del Parlamento Europeo

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Intervención de Miguel Ángel Martínez* en la Conferencia de solidaridad con los cinco cubanos presos en Estados Unidos y condenados a gravísimas penas de cárcel por delitos de espionaje nunca probados, contra la seguridad norteamericana.

Londres, 7 de marzo de 2014

Amigas y amigos:
Compañeras y compañeros:

1 Sean mis primeras palabras para saludar a todas y a todos ustedes y para dar las gracias a los organizadores, por haberme invitado a participar en tan importante y entrañable encuentro. De veras que resulta emocionante encontrarnos aquí, con una movilización extraordinaria tanto en número de participantes como en la calidad de todas y todos los presentes. Quienes llevamos mucho tiempo en estas cosas sabemos bien el trabajo que hay detrás de una reunión de estas características y por ello, evidentemente, corresponde reconocer y felicitar por su dedicación, esfuerzo y por su éxito a quienes han venido organizando este acontecimiento. No quiero ir más allá sin destacar también la emoción y la alegría que me produce compartir aquí micrófono y reflexión con nuestro gran amigo Ricardo Alarcón, siempre ejemplo y fuente de inspiración por su trayectoria y por su coraje. Hablar después de Ricardo es siempre una gran responsabilidad y un reto que asumo con el cariño y la admiración que le profeso.

2 Es cierto que me dirijo a ustedes en mi condición de Vicepresidente del Parlamento Europeo. Pero lo hago también como Presidente del Grupo de Amistad y Solidaridad con el Pueblo de Cuba que creamos hace casi 14 años y que desde entonces ha venido funcionando incansablemente en la Eurocámara. Por cierto, que esa identidad fundamentalmente solidaria ha hecho que, casi desde su inicio, nuestro Grupo ha tenido la infamia cometida contra los cinco cubanos de quienes hemos venido hablando, como uno de los puntos permanentes en el orden del día de nuestras reuniones. Y en ello seguiremos, como seguiremos todos los aquí presentes hasta que los cinco estén en sus casas porque por fin se haya hecho justicia con su causa. Por cierto, que antes de ir más adelante, quiero denunciar tajantemente el hecho de que las autoridades del Reino Unido hayan negado el visado a René, el primer liberado de los cinco, cuya presencia hoy en Londres era fundamental. No cabe otro calificativo que el de vergüenza para el Reino Unido y vergüenza para la Unión Europea. Vergüenza intolerable es que se recurra a argumentos burocráticos para impedir que René hable y que desde la libertad se le escuche hoy en Londres. Una vergüenza, les digo, que no deberíamos aceptar así por las buenas y que, en lo que a mí me toca, me esforzaré por denunciar en el Europarlamento, no tanto porque sea una tremenda injusticia más hacia René, sino porque es también una colosal injusticia y una contradicción radical con los valores de libertad sobre los que proclamamos sobre los que se asienta la Unión Europea.

3 Entrando ya en la materia de que se habla en esta Mesa, y tras haber escuchado a dos eminentes personalidades presentar lo que son y deberían ser las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, me toca a mí contarles lo que han venido siendo esas mismas relaciones, pero entre la Isla y la Unión Europea. En realidad hablar de esas relaciones es hablar de lo que ha sido la tarea de nuestro Grupo de Amistad y Solidaridad. En efecto, nuestro Grupo surgió como reacción ante una tremenda anomalía y una injusticia igualmente inaceptable, incomprensible e intolerable. Y es que la Unión Europea mantenía relaciones con la práctica totalidad de los países del mundo, siendo Cuba precisamente la única excepción a esa conducta. En realidad nada podría justificar tal actuación y contra ella nos alzamos con un objetivo claro y sencillo: la normalización de unas relaciones que por su carácter de inexistencia constituían una vergonzosa discriminación.

4 Pero nuestra pelea, desde el primer momento, iba a enfrentarse a grandes dificultades y resistencias. Para empezar, nunca conseguimos, como en el caso de países como el Reino Unido, que de nuestro Grupo interparlamentario participara ni un solo colega de la derecha, ni de la extrema derecha, ni de la derecha supuestamente moderada o civilizada, ni siquiera del centro derecha. Solo compañeros procedentes del Grupo Socialista y del Grupo de la Izquierda Unitaria participamos con entusiasmo en esta iniciativa, en la que también pudimos contar, aunque de forma minoritaria, con algún representante de los Verdes. Sí hubo una excepción, tanto más honrosa, que fue la del liberal belga Louis Michel, quien como Comisario Europeo primero y luego como Europarlamentario siempre estuvo con nosotros. De los otros grupos nada, habiendo llegado algunos de sus componentes a contestarnos paladinamente que ellos no sentían ninguna solidaridad con el proceso revolucionario; y que su amistad estaba con quienes dentro o fuera del país combatían el proceso. Claro que no nos amilanamos por tal actitud y seguimos adelante desde nuestras premisas solidarias, pero también desde la exigencia de racionalidad y coherencia a las diferentes autoridades comunitarias ¿Por qué hacían de Cuba una excepción?, ¿por qué, cuando se mantenían relaciones internacionales con países como China, Vietnam, o en casos mucho más criticables como Arabia Saudí o con los Emiratos Árabes, etc.?

5 Lo que pronto comprendimos es que en la derecha europea había un odio profundo a lo que Cuba había llegado a representar precisamente en el terreno de la solidaridad y del progreso social. Algunos pensaron que era cosa de obediencia a los Estados Unidos y su bloqueo: yo no coincido con eso. Desgraciadamente, en la derecha europea hay tanta o más reacción que entre lo más reaccionario de Washington o Miami. Coincidencia con esa derecha norteamericana, sin duda; pero razones propias para racional hostilidad, también. Por eso ha sido tan dura nuestra pelea por la normalización de relaciones; y también por la liberación de los cinco cubanos, cuya causa aquí nos congrega. Por cierto, que en esta causa precisa hemos encontrado aliciente y razón de ser para nuestra propia acción. Una acción que, quiero resaltarlo, no ha sido sacrificio alguno para nosotros, sino todo lo contrario: ha sido una causa que nos ha permitido afirmar nuestra identidad. Cumplir con lo que somos, y por ello nos correspondería dar las gracias al pueblo cubano y a sus responsables políticos y sociales que han venido operando solidariamente.

6 Afortunadamente las cosas han ido evolucionando de forma satisfactoria. En particular durante todo el año pasado en que Cuba ha presidido tenaz, eficaz y brillantemente la CELAC, las autoridades de la UE se encontraron ante el disparate de que no tenían relación alguna con quienes debían hablar y trabajar, porque representaban nada menos que ¡a todos los países de América Latina y del Caribe! Por todo ello estamos, precisamente en estos días, iniciando la fase definitiva del juicio de normalización de las relaciones entre Cuba y la Unión Europea. Acaban de darse instrucciones a la Comisión Europea para que se prepare la negociación bilateral que debería desembocar en un Tratado de Cooperación como los que la Unión Europea mantiene con más de 100 países en los cinco continentes. Claro que la negociación todavía tendrá sus dificultades, sus reticencias y sus enganchones. Y por ello debemos todavía mantenernos bien alerta; pero el desenlace no puede serlo de aquel por el que hemos venido luchando tanto tiempo, con participación siempre rigurosa y eficaz, de la propia diplomacia de Cuba, y de los importantes parlamentarios, miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Claro que nuestro Grupo debe ocuparse también, más y más, del caso de Venezuela, que ha concentrado últimamente alguna de la feroz hostilidad que la derecha europea dedicó a La Habana durante años y más años.

7 Ya para terminar, déjenme decirles un par de cosas sobre lo que nuestro Grupo ha venido realizando específicamente en la causa de los cinco hoy recordados. Dedicaré luego mis últimas palabras a lo que cabe hacerse y esperarse a las propias autoridades norteamericanas. Respecto de los cinco, llevamos años multiplicando acciones e iniciativas tanto ante dichas autoridades para su liberación como en favor del respeto a los derechos reconocidos en favor de las familias de los presos en diferentes Convenciones Internacionales suscritas por Washington. Y en esa línea vamos a seguir, por ejemplo, participando con todo nuestro corazón en encuentros como el que aquí nos congrega. En cuanto a los Estados Unidos, yo tengo mi propia opinión -nada original, por lo demás- sobre lo que ha sido tradicionalmente la política norteamericana hacia América Latina, en general y reconociendo desde ya que en aquel país ha habido sin duda grandes hombres y mujeres, y también mucha solidaridad como lo prueba la presencia entre nosotros de alguna extraordinaria personalidad de aquel país. Pero no puede olvidarse que ya el establecimiento de dicho Estado como tal, se hizo a base de anexionar más de un tercio de su vecino meridional, Méjico. Mi propia experiencia personal a partir de la segunda mitad del siglo pasado, me ha llevado a ser testigo de derrocamientos sucesivos de Gobiernos democráticos: Jacobo Árbenz en Guatemala, años 50; el de Juan Bosch en Santo Domingo, años 60; el de Salvador Allende en Chile, años 70; el de Maurice Bishop en Grenada, años 80, etc. Sin embargo, hubo un momento de cambio esperanzador, protagonizado por el Presidente Jimmy Carter y su Administración. He hablado del derrocamiento de Juan Bosch: a mí me cupo el estar combatiendo en la Dominicana cuando en 1965 el coronel Caamaño se levantó para restaurar el orden democrático y constitucional y fue aplastado por infantería de marina norteamericana, disfrazada de soldados de la OEA. Y sin embargo, apenas una década y media después, también tuve que ver personalmente en dos operaciones democráticas que tuvieron éxito gracias a la comprensión de la Administración Carter. En Santo Domingo impedimos con su apoyo que otra vez y los milicos mandados por Estados Unidos completaran un golpe contra las elecciones limpiamente ganadas por el Presidente Antonio Guzmán. Y poco después pudimos completar con éxito la guerrilla del frente sandinista en Nicaragua poniendo fin al somocismo que había sido hijo de los intereses y de las administraciones reaccionarias de los Estados Unidos. Aquellos dos episodios nos hicieron concebir grandes esperanzas, conscientes de que sin Carter -es decir, sin la Casa Blanca de aquellos años- ni habríamos entrado en Managua, ni habríamos llevado al candidato del PRD a la Presidencia, donde el pueblo dominicano le había votado.

8 Pero luego hubo otra vez el retorno al pasado: la Contra en Nicaragua, o la invasión de Grenada, por no hablar de invasiones y guerras como la infame de Irak contra las supuestas armas de destrucción masiva. Los Estados Unidos volvían a su política más tradicional, en particular bajo las administraciones de George W. Bush… La elección de Barack Obama abrió de pronto perspectivas mucho más positivas. Y en eso estuvimos también respecto de Cuba. He oído a Ricardo Alarcón decir ayer, entre parlamentarios, y hoy ante esta misma audiencia, que ha llegado el momento, en el caso dramático de los cinco cubanos, de que se produzca una solución política ya que los terrenos puramente jurídicos parecen bastante agotados. Y aquí yo creo que se impone buscar y obtener el gesto de Obama que no será sino un gesto de coherencia con que rematar el papel histórico que ha cumplido en distintos otros terrenos. Al Presidente Obama hay que recordarle su eslogan, que tantos motivos de resistencia hemos hecho nuestros: “Yes we can”. Pero hay que ponerle ante la responsabilidad de ese eslogan en el caso de los cinco. Hay que decirle “If you can and do not free them, that will mean that you do not want “, que usted no quiere. Y si no quiere, estará traicionando la simpatía y la confianza con que muchos le recibimos, le apoyamos y le hemos acompañado. Dando coherencia a su Presidencia, respecto de Cuba, y empezando por la liberación de los cinco, estará usted reconectando con una labor para la que supone un cambio copernicano para su país y para nuestro respeto por el mismo.

Amigas y amigos, gracias por vuestra atención, pero sobre todo gracias por vuestra coherencia en la solidaridad y movilización inquebrantables, en una causa tan de justicia y de humanidad como la que aquí nos convoca. Ante los familiares, ante el pueblo de Cuba, pero sobre todo, ante nuestras propias conciencias de hombres y mujeres libres, aquí estamos afirmando un compromiso que a todos nos dignifica, y que estoy seguro, tendrá éxito más pronto que tarde.

*Miguel Ángel Martínez es Vicepresidente del Parlamento Europeo

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