Quisiera recibir a mi hijo en la puerta de la cárcel(I would Like to Meet my Son at the Prison Door)

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…english follows…
Enrique Ojito Linares y Arelys García Acosta.- A propósito de los 15 años del encarcelamiento de los Cinco antiterroristas cubanos en Estados Unidos, el periódico Escambray y Radio Sancti Spíritus, de Cuba, dialogaron con Magali Llort Ruiz, madre de Fernando González, quien cumplirá su condena el 27 de febrero de 2014.

—Fernan, ¿qué haces cuando nos vamos de la visita?, le preguntó Magali Llort Ruiz a su hijo, mientras detenía sus ojos en el uniforme verduzco, estigma de celda y de espera.

—Me acuesto, cierro los ojos y me parece que estoy flotando, le respondió Fernando González, quien, ante la inesperada interrogante, se estiró, con los dedos, el grueso bigote para contener la emoción.

Esas palabras, Magali las ha recordado más de una vez, como más de una vez se han encajado en su mente las paredes de ladrillos rojizos de la entrada de la prisión de Safford, Arizona, Estados Unidos, que encierran los 50 años de vida de Fernando, uno de los Cinco, cumplidos el 18 de agosto pasado.

“Cuando me informaron que mi hijo estaba preso en Estados Unidos, ese fue el momento más amargo de mi vida”, sostiene esta mujer de 74 años, cuya existencia no ha estado marcada por la buenaventura.

Magali no pregona su historia; pero, en el recuerdo permanecen los viajes al sanatorio donde permanecía internado su padre, debido a una afección pulmonar. Al no permitírsele entrar, la niña aguardaba en la puerta por su madre, quien, también, pasaba las de Caín para recuperar la plaza cuando la dejaban cesante como empleada pública en el entonces Ministerio de Justicia.

Luego del Primero de Enero de 1959, su mamá y parte de la familia emigraron hacia Estados Unidos; ella no lo consintió. De una oficina de seguros pasó a laborar en el Banco Nacional de Cuba. A los 30 años de casada llegó el divorcio.

En 1998, mientras realizaba los trámites para permutar su casa por dos apartamentos y así ayudar a Fernando, le sorprendió la noticia de su detención y de la misión en la Florida, desde donde él alertaba a Cuba de las acciones de grupos, organizaciones hostiles contra nuestro país y, en específico, del terrorista Orlando Bosch.

“Saber que había entregado su juventud por esa causa, me dio fuerzas para resistir los primeros 17 meses que estuvo incomunicado; pensé que no podía soportarlo”, comentó, vía telefónica, a estos reporteros.

— I —

Después de permanecer recluido en el Centro Federal de Detenciones de Miami, González Llort fue transferido, primero, a una institución carcelaria en Oxford, Wisconsin, y posteriormente a Terre Haute, Indiana, en el 2007. A mediados del pasado año, lo trasladaron a Safford, Arizona, donde expirará su condena de 17 años y nueve meses el 27 de febrero del 2014.

“Quisiera recibir a mi hijo en la puerta de la cárcel, verlo salir de allí; pero eso depende de que me den la visa para esa fecha”, subraya la madre con la impaciencia rozándole las palabras.

Pero, los sobresaltos quizás no terminen para usted ese día.

Precisamente, en estos momentos Fernando está en contacto con un abogado norteamericano especialista en el tema migratorio; por ser ciudadano cubano, una vez terminada su condena, se supone que tenga que pasar a una prisión migratoria. ¿Cuál es la intención con el abogado? La intención es que encamine todo ese trámite, de manera que ese tránsito de Fernando sea lo más corto posible, inclusive que sea declarado deportado desde que salga de prisión. En la parte legal se está trabajando actualmente para poder viabilizar su regreso. Ese proceso puede demorar más, puede demorar menos.

¿Cuánto desvela a Magali que Gerardo Hernández esté destinado, legalmente, a morir prisionero?

No se lo pueden imaginar. Ese tema lo conversamos con Fernando cada vez que lo visitamos. Independientemente que desde el punto de vista personal mi hijo pueda sentirse aliviado porque le queda poco tiempo, él tiene en su conciencia que tiene que seguir luchando por el resto de sus hermanos. Todos ellos nos preocupan, pero, obviamente, el caso de Gerardo todavía más.

Él no tiene final de sentencia, por su sanción de dos cadenas perpetuas más 15 años. No acabamos de comprender eso; si una persona tiene una sola vida, no entendemos que en el aspecto legal le impongan dos cadenas perpetuas. Nadie vive, resucita y vuelve a vivir para volver a morirse. Gerardo nos duele mucho; su sanción es totalmente injusta; él no tiene nada que ver con lo que le imputaron. No podemos dejar que Gerardo se nos muera en la cárcel. Conocemos los prejuicios que hay en Estados Unidos contra cualquier cuestión que venga de nuestra Cuba; todo el odio lo descargaron contra Gerardo.

— II —

Abril de 2013. En la sala de visita de la prisión de Safford, el fotógrafo testimonió la dicha, pese a la ojeriza de los guardias. Por primera vez en más de 14 años, Magali disfrutó el reencuentro de Fernando, Marta y Lourdes, sus tres hijos; frente a ella, conversaron, sonrieron, despidieron las angustias. Solo en ese instante, la madre pareció olvidar la ausencia de él los domingos, cuando sus hijas van a la casa a almorzar. “Una madre no se acostumbra a la ausencia del hijo”, nos ha confesado.

¿Fernando continúa pintando?

No; en el lugar donde está no tiene las mínimas condiciones para poder seguir pintando. No hay espacio para poder trabajar en eso. Convive con nueve presos más en la misma celda. Es horrible esa cantidad de personas; la población penal en Estados Unidos es muy alta, y la de él es una prisión de baja seguridad, donde hay muchos que ya han cumplido gran cantidad de años y están próximos a salir.

Tenemos entendido que Oscar López, el independentista puertorriqueño, lo encaminó en los primeros trazos.

A Fernando sí le gustaba escribir; pero nunca tuvo muy buenas dotes para las manualidades, nada de eso, y de buenas a primeras, con el consejo de Alberto (Carlos Alberto Torres), otro independentista puertorriqueño, incursionó en la pintura mientras estaba en Wisconsin; después, en Terre Haute, Oscar lo orientó con sus ideas. Lo primero que mandó fue un retrato que me hizo —no me quitó ni una arruga para ponerme un poco más joven, reveló ella antes—. A medida que avanzó un poquito, pintó a sus hermanas, a Rosa Aurora. Cuando lo trasladaron para Arizona, todo eso se perdió porque no tiene condiciones para seguir en eso.

En el desierto —dijo el poeta— se puede asistir al nacimiento de una flor. Esta señal de vida en medio de la aridez, ¿cuánto tiene de paralelo con la amistad entre Fernando y los independentistas puertorriqueños, compañeros de prisión?

En medio de tanta desgracia, Fernando, por los menos, lleva el orgullo de haber compartido la prisión con esos dos independentistas presos políticos. Nosotros pudimos ver en la sala de visita a Alberto, aunque no podíamos saludarlo. También allí vimos a su papá, un señor mayor, ya anciano, que falleció cuando mi hijo aún estaba en esa cárcel. Fernando compartió esos momentos, tan difíciles, con Alberto, a quien no lo autorizaron a despedirse de su padre en el féretro. Oscar López es otro gran hombre, preso hace más de 30 años y que todavía está luchando por su liberación. Fernando ha sabido cultivar la amistad.

— III —

En lo inhóspito de la cárcel, Alberto comprobó lo que Magali nos comentaría: “Mi hijo es muy responsable para sus cosas, metódico; pero no refunfuñón”. Cinco años compartiendo las caminatas por el patio de la institución correccional de Oxford, le permitieron al expreso boricua conocer a un ser que a pesar de su sufrimiento, “no mostraba amargura por su condición”; aquellas andanzas —como ha relatado el independentista— derivaban “en remembranzas personales, o debates calurosos y quema latas que a veces terminaban en chistes o recuerdos de nuestras novias de juventud”.

No pocas zozobras venció Magali para poder llegar a esa penitenciaría en taxi, entre bosques nevados, y ver a quien era considerado el prisionero político más famoso en el estado de Wisconsin, según el distinguido letrado estadounidense Arthur Heitzer. No pocas manos solidarias se le tendieron a ella, igualmente, camino a Terre Haute o cuando acude a ver a su hijo en Safford, “un lugar desértico, con un calor terrible. En el pueblecito donde está la prisión, viven muy pocas personas; hay una farmacia, una iglesia; queda muy apartado de la ciudad”, aclara.

Quizás, en febrero próximo, Magali pueda estar de paso por allí para luego regalarle a Fernan —como lo llama— el abrazo de libertad en la puerta de la prisión. Ojalá no la priven del momento; lo otro sería cruel. Mientras tanto, en la noche y en casa, ella sigue intentando dibujar esos minutos en el pensamiento: se acuesta, cierra los ojos y parece que está flotando.

ACOTACIONES AL MARGEN

Este 12 de septiembre se cumplieron 15 años del encarcelamiento de Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Antonio Guerrero y Fernando González, condenado, inicialmente, a 19 años.Como resultado del proceso de resentencia dispuesto por el Onceno Circuito de la Corte de Apelaciones de Atlanta y extendido desde el 13 de octubre de 2009 al 8 de diciembre de ese propio año, su sanción fue modificada a 17 años y nueve meses de encierro. Los tres cargos presentados en su contra fueron:

-Conspiración (acuerdo para cometer delito contra los EE. UU. o engañar a ese país).

-Falsificación de documentos o hacer declaraciones falsas ante autoridades gubernamentales para obtener documentos.

-Agente extranjero (actuar como agente de un gobierno extranjero sin ser diplomático ni comunicarlo al Fiscal General de EE.UU. De la forma en que está tipificado en el Código Penal norteamericano, el delito no está en ser agente extranjero; sino en serlo sin estar identificado).

Text in engilsh

– Fernan, what do you do when our visit is over?, Magali Llort Ruiz asked his son, while her eyes wandered on the greenish uniform, stigma of cell and waiting.

– I lie down, close my eyes and it looks like I’m floating, replied Fernando Gonzalez, who, at the unexpected question, played with his thick mustache to contain his emotions.

Magali has recalled those words more than once, as well as the images of the red brick walls of the Safford’s prison entrance, in Arizona, United States, which encloses the 50 year of Fernando, one of the Five.

” When I was informed that my son was imprisoned in the United States, that was the worst moment of my life,” says this 74 year old woman, whose existence has not been marked by good fortune.

Magali does not tout about her history, but her memory sticks to the sanatorium where her father remained because of a lung condition. Not being allowed the entrance, she waited for her mother at the door, who also went through a lot to reclaim her position when she was left out as public servant in the Ministry of Justice at that time.

After the first of January, 1959, her mother and part of the family emigrated to the United States; she would not consent. From an insurance office, she came to work with the National Bank of Cuba. After 30 years of marriage, the divorce came.

In 1998, while doing the paperwork to exchange her home for two apartments and help Fernando, she was surprised by the news of his arrest and mission in Florida, where he alerted Cuba of the actions of hostile groups and organizations against our country and, specifically, of the terrorist Orlando Bosch.

“Knowing that he had given his youth for that reason, I gathered strength to endure the first 17 months he was incommunicated; I thought I could not stand it,” she says by telephone, to these reporters .

– I –

After being held at the Federal Detention Center in Miami, González Llort was transferred, first, to a correctional institution in Oxford, Wisconsin, and then to Terre Haute, Indiana, in 2007. In the middle of last year, he was moved to Safford, Arizona, where his 17 years and nine months sentence will expire on February 27, 2014.

“I would like to meet my son at the prison door, watch him walk out of that place; but that depends on whether I’m given the visa for that date,” says the mother with the impatience brushing words.

But surprises are not likely to end for you that day.

Indeed. Right now Fernando is in contact with an American lawyer specialized in immigration issues; for being a Cuban citizenship, once his sentence is over, he is supposed to go for an immigration prison . What is the intention with the lawyer? The intention is to route all these procedures, so that Fernando’s transit is as short as possible, even if he’s declared deported since leaving prison. So, the legal work is focusing on the viability of his return. The process can be long or not.

How much does it affect Magali to know that Gerardo Hernández is intended, legally , to die as prisoner?

You can not possibly imagine. Every time I visited Fernando we talked about it. Even if my son can feel relieved because he has little time there, he has in his consciousness that he needs to continue fighting for the rest of his brothers. They all concern us, but obviously, the case of Gerardo more.

His sentence has no end due to his sanction of two life sentences plus 15 years. We just do not understand why; if a person has only one life, we do not understand that in the legal aspect two life sentences are imposed. Nobody lives, resurrects and lives again to return to die.Gerardo hurts us a lot; his punishment is totally unfair and he has nothing to do with his charges.We can not let Gerardo die in prison. We know there is prejudice in the United States against any matter that comes from our Cuba, all that hatred worked against him.

– II –

April, 2013. In Safford prison’s visiting room, the photographer got evidence of the happy moment, despite the animosity of the guards. For the first time in over 14 years, Magali enjoyed the reencounter of Fernando, Marta, and Lourdes. Her three children talked, laughed, and cleared anxieties together. At that very moment, the mother seemed to forget the absence of his son on Sunday, when her two daughters come over for lunch. “A mother never gets used to the absence of a son”, she confessed to us.

Does Fernando still paint?

No. In the place where he stays now, he doesn’t have the minimum conditions to do so anymore. There isn’t enough place to do his paintings. He lives with other nine inmates. It’s a horrible thing. US prison population is very high, and this one is a low security jail, where many of the prisoners have served long sentences, and are about to be released.

As far as we know, it was Oscar Lopez, the pro-independence Puerto Rican who taught Fernando the first lessons.

Fernando did like to write, but he was no skilful in crafts. All of the sudden, and advised by Alberto (Carlos Alberto Torres), another pro-independence Puerto Rican, he started to paint while in Wisconsin prison. Later on, when in Terre Haute, he had the help of Oscar. The first thing he sent was a portrait he made me. He then painted his sisters, and Rosa Aurora, his wife. When he was transferred to Arizona, he couldn’t paint any more.

A poet once said that a flower can grow in the desert. Has this sign of life in the middle of such dryness any parallelism with the friendship between Fernando and his Puerto Rican pro-independence fellow prisoners?

In the middle of such disgrace, Fernando at least feels proud of his friendship with those two pro-independence political prisoners. We had the chance to see Alberto in the visiting room, but we were not allowed to greet him. We also saw his father there. He was an old man who passed away when my son was still in that prison. Fernando shared those difficult moments with Alberto. He was denied permission to say the last good-bye to his father. Oscar Lopez is another great man. He’s been in jail for over 30 years, and he’s still fighting for his release. Fernando knows how to cultivate friendship.

— III —

In the harshness of the prison, Alberto learned what Magali would tell us about Fernando: “My son is a very responsible person. He’s methodical, but not grumpy”. The five-year walks in the yard of the Oxford’s correctional institution, allowed the Puerto Rican ex-prisoner get to know a person who, despite his suffering, “didn’t show any bitterness for his condition”. Those walks led to personal memories, discussions, or to jokes and talks about former youth girlfriends”.

Magali had a hard time to reach the prison by taxi, through snowy forests, to visit who was considered Wisconsin’s most popular political prisoner, according to US distinguished legal professional Arthur Heitzer. She also found several solidarity hands when she came to visit his son at Terre Haute, or Safford. “It was a desert-like, terribly hot place. Very few persons live in the town; there is pharmacy and a church there. The town is very far from the city”, she added.

It may be that next February, Magali will step by to give Fernan -as she calls him-, the freedom hug at the prison door. Let’s hope she won’t be deprived from that moment. If so, it will be a cruel thing. Meanwhile, at night at her home, she continues to imagine that moment. She then goes to bed, closes her eyes, and seems to be floating.

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